Rascar matices en tinta

Busco refugio entre tus páginas. Aquí y ahora entran las dudas por la puerta de casa y se instalan en mi salón, deciden quedarse conmigo un rato. Nos tomamos un té que compartimos a medias, todos convidados en la misma taza, mientras el reloj vuela y alrededor todo se paraliza.

Una vez más quedo pendiente de lo que surja entre mis dedos, pero cuando quiero mirar, cuando voy a encontrar, no aparece nada. Como si la sensación -casi anticipatoria- de lo que espero fuese lo único tangible aquí, la evidencia no existe.

Desvarío treinta veces por segundo, entonces es cuando me digo a mí misma que toca cambiar, que lo mismo me he equivocado en algún punto. Quizás sea una equivocación entera, puro error completo, de cabeza a los pies. Que no sé ni orientarme, ni qué busco, ni qué quiero, ni lo que odio, ni lo que deseo.

Se me pierden las preguntas entre las costuras, se cuelan, se escurren y se escapan hasta inundar todo a mi alrededor.

La última vez que quise entender acabé del mismo modo que hoy: con toneladas de palabras desechadas, buscando un mapa con el que poder orientarme, con todos los rumbos posibles por delante. Con mil tareas pendientes, porque me cubro con ellas. Con las metas a las que apunté a una distancia que todavía no controlo, porque ni siquiera sé si algún día las conseguiré o me quedaré por el camino antes.

Y aquí estoy, divagando, perdida, volviendo al principio mientras lucho por encontrarme. Tengo la evidencia del que sabe que algo de lo escrito, de entre el millar de palabras, hay un resquicio que brilla, que merece la pena. Pero para llegar hasta ese breve destello me he perdido y me sigo perdiendo por el camino. Y lo que me queda, insisten mis dudas mientras agradecen la taza de té antes de marcharse.

Seguiré rascando matices en tinta mientras, por si acaso.

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